jueves, 8 de diciembre de 2011
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Aprender a aceptarse.
Si la esencia de vivir conscientemente es el respeto por los hechos y la realidad, la autoaceptación es la prueba definitiva. Cuando los hechos que debemos afrontar tienen que ver con nosotros mismos, vivir conscientemente puede volverse muy difícil. Aquí es donde entra en juego el desafío de la autoaceptación.
La autoaceptación pide que enfoquemos nuestra experiencia con una actitud que vuelva irrelevantes los conceptos de aprobación y desaprobación: el deseo de ver, de saber, de conocer.
Ahora bien, aceptarnos a nosotros mismos no significa carecer del afán de cambiar, mejorar o evolucionar. Lo cierto es que la autoaceptación es la condición previa del cambio. Si aceptamos lo que sentimos y lo que somos, en cualquier momento de nuestra existencia, podemos permitirnos ser plenamente conscientes de la naturaleza de nuestras elecciones y acciones, y nuestro desarrollo no se bloquea.
Comencemos por un ejemplo simple. Póngase frente a un espejo que abarque toda su figura y mírese la cara y el cuerpo. Preste atención a sus sentimientos mientras lo hace. Quizá algunas partes de lo que vea le gustaran más que otras. Si es usted como la mayoría de la gente, algunas partes de su cuerpo le resultarán más difíciles de observar detenidamente, porque lo perturban o le disgustan. Tal vez vea en su rostro un dolor que no desea afrontar; tal vez exista algún aspecto de su cuerpo que le desagrada tanto que le cueste mucho mantener sus ojos fijos en él; tal vez vea indicios de su edad, y no pueda soportar los pensamientos y emociones que esos indicios le despiertan. De modo que se siente impulsado a escapar -a huir de la conciencia- a rechazar, negar, olvidarse de ciertos aspectos de usted misma/o.
Pero siga mirando su imagen en el espejo unos instantes más, e intente decirse a usted misma/o: "Sean cuales fueren mis defectos o imperfecciones, me acepto a mí misma/o sin reservas y por completo".
Siga contemplándose, respire hondo, y repita esa frase una y otra vez durante uno o dos minutos, sin acelerar el proceso sino, más bien, permitiéndose experimentar plenamente el significado de sus palabras. Quizás se descubra protestando: "Pero hay algunas partes de mi cuerpo que no me gustan: ¿cómo puedo entonces aceptarlas sin reservas y por completo?"
Recuerde: "aceptar" no significa necesariamente "gustar"; "aceptar" no significa que no podamos imaginar o desear cambios o mejoras. Significa experimentar, sin negación ni rechazo, que un hecho es un hecho; en este caso, significa aceptar que la cara y el cuerpo que ve en el espejo son su cara y su cuerpo, y que son como son. Si insiste, si se rinde a la realidad, si se rinde al conocimiento (que es lo que es, en definitiva, significa "aceptar"), advertirá que ha comenzado a relajarse un poco, y tal vez se sienta más cómodo/a con usted misma/o, y más real.
Aunque no le guste o no le cause placer todo lo que vea cuando se mira al espejo, aun podrá decir: "Ese soy yo, en este momento. Y no lo niego. Lo acepto". Eso es respeto por la realidad.
Practique este ejercicio durante dos minutos todas las mañanas, y al poco tiempo comenzará a experimentar la relación entre la autoaceptación y la autoestima: una mente que honra a la vista se honra a si misma.
Y también hará otro descubrimiento importante: no solo mantendrá una relación más armoniosa consigo mismo, no sólo desarrollará su autoconfianza y su autorrespeto, sino que, si existen aspectos de su sí-misma/o que no le gustan, y tiene posibilidades de cambiar, se hallará más animado/a para realizar esos cambios, una vez que haya aceptado los hechos tal como son ahora. No nos sentimos inclinados a cambiar aquellas cosas cuya realidad negamos.
Nuestra autoestima no depende de nuestro atractivo físico, como imaginan algunos con ingenuidad. Pero nuestra voluntad o falta de voluntad para vernos y aceptarnos sí tiene consecuencias en nuestra autoestima. Nuestra actitud hacia la persona que vemos en el espejo es sólo un ejemplo dentro del tema de la autoaceptación. Consideremos algunos otros.
Supongamos que usted debe ofrecer una charla a un grupo de personas y tiene miedo. O que va a entrar en una fiesta en la que conoce a muy poca gente, y se siente inseguro o tímido. Se halla angustiado y trata de combatir su ansiedad como hace la mayoría: tensando el cuerpo, conteniendo la respiración y diciéndose "No tengas miedo" (o "No seas tímido"). Esta estrategia no funciona; en realidad, le hará sentir peor. Ahora su cuerpo envía a su cerebro las señales de una alerta de emergencia, las señales del peligro, a las cuales usted responderá típicamente "combatiendo" su inquietud de manera aun más feroz, con tensión, con privación de oxigeno, y quizá con irritación y autorreproches. Usted está en guerra consigo misma/o, y nunca aprendió que existe una estrategia alternativa mucho más eficaz. Se trata de la estrategia de la autoaceptación.
En ella, usted no combate la sensación de angustia, sino que se sumerge en ella, la acepta. Quizás usted se diga: "Hombre, tengo miedo", y luego respire larga, lenta, profundamente. Se concentra en una respiración suave y profunda, aunque al principio le cueste y tal vez le resulte difícil durante unos minutos; usted persevera, y observa su miedo, se convierte en testigo, sin identificarse con él, sin permitirle que lo defina.
"Si tengo miedo, tengo miedo... pero eso no es motivo para volverme inconsciente. Continuare usando mis ojos. Continuare viendo."
Puede incluso "hablar" con su miedo, invitándolo a que le diga la peor cosa imaginable que pueda ocurrir, de modo que usted pueda afrontarla y también aceptarla (ésta es una estrategia que tiende a apartarlo de fantasías autoatormentadoras e introducirlo en la realidad, mucho más benévola). Quizás se entere de cuándo y cómo comenzó ese miedo en usted. Quizás aprecie más profundamente que no tiene fundamento y que es, en realidad, una respuesta obsoleta sin relevancia real en el presente. Quizás su miedo no desaparezca en todas las ocasiones -a veces lo hará, a veces sólo disminuirá-, pero usted se sentirá relativamente más relajado y más libre de actuar con eficacia.
Siempre somos más fuertes cuando no tratamos de combatir la realidad. No podemos hacer desaparecer nuestro miedo gritándole, o gritándonos a nosotros mismos, o haciéndonos objeto de reproches. Si en cambio podemos abrirnos a lo que experimentamos, permanecer conscientes y recordar que somos más grandes que cualquier emoción aislada, al menos empezaremos a trascender los sentimientos indeseables, y a menudo podremos eliminarlos, puesto que la aceptación plena y sincera tiende, con el tiempo, a hacer desaparecer los sentimientos negativos o indeseables como el dolor, la ira, la envidia o el miedo.
Si una persona tiene miedo, por lo general es inútil aconsejarle que se "relaje", pues esa persona no sabe cómo traducir el consejo a conducta. Pero si se le dice que respire suave y profundamente, o que imagine cómo se sentiría si no tuviera que combatir el miedo, entonces se le está proponiendo algo "ejecutable", es decir, algo que la persona puede hacer. Esa persona debería pensar en abrirse para permitir que el miedo entre, darle incluso la bienvenida, intimar con él -o al menos observarlo sin llegar a identificarse con él- y por ultimo proyectar lo peor que podría sucederle y afrontarlo. Por cierto, uno puede aprender a decir: "Siento miedo, y no puedo afrontar ese hecho, pero yo soy mas que mi miedo".
En otras palabras, no se identifique con el miedo. Piense:"Reconozco mi miedo y lo acepto... y ahora veamos si puedo recordar cómo se siente mi cuerpo cuando no tengo miedo". Esta es una estrategia muy efectiva para controlar el miedo (o cualquier otro sentimiento indeseable). Todas estas son acciones que usted puede aprender, ensayar en su imaginación y practicar cuando surjan situaciones que le causen miedo.
La práctica que describo es apropiada para casi cualquier tipo de miedo. Es efectiva en el sillón del dentista, o cuando se dispone a pedir una aumento de sueldo, o cuando afronta una entrevista difícil, o cuando debe darle a alguien una noticiosa dolorosa, o cuando lucha con el miedo al rechazo o al abandono.
Cuando se aprende a aceptar el miedo, se deja de considerarlo como una catástrofe. Y entonces deja de ser nuestro amo. Uno ya no se siente torturado por fantasías que pueden guardar poca o ninguna relación con la realidad; es libre de ver a la gente y a las situaciones tal como son; se siente más eficaz; tiene más control sobre su vida. La autoconfianza y el autorrespeto aumentan.
La autoestima también aumenta con este proceso, aun cuando los miedos no sean el producto de fantasías irracionales sino que correspondan a una realidad particular que sí es temible y que uno debe afrontar. Yo tenía una amiga que, hace algunos años, empezó a sufrir un cáncer devastador. En ese momento pensé que su valentía para luchar con él era extraordinaria. Un día en que había ido a verla al hospital ella me contó esta historia: los médicos le habían dicho que era necesario aplicarle radioterapia, y la perspectiva la aterrorizaba. Preguntó si podía ir a la sala de radiación unos minutos, durante tres días, antes de que empezara el tratamiento. "Solamente quiero mirar la máquina -dijo a los médicos-, para conocerla. Después estaré lista, y no tendré miedo".
A mi me contó: "Me quedaba mirando la máquina... aceptándola.... aceptado mi situación... y meditando en que la máquina existía para ayudarme. Eso me hizo mucho mas fácil el tratamiento". Mi amiga murió. Pero nunca olvidaré su serenidad y si dignidad. Sabía como valorarse. Es uno de los ejemplos más hermosos del principio de aceptación que he visto.
Tómese unos minutos para contemplar algún sentimiento o alguna emoción que no le resulte fácil afrontar; inseguridad, dolor, envidia, ira, pena, humillación, miedo. Cuando aísle ese sentimiento, vea si puede enfocarlo con claridad, tal vez pensando o imaginando cualquier cosa que suela evocarlo. Luego sumérjase en ese sentimiento, como si le abriera el cuerpo. Imagínese como seria no resistirse a él sino aceptarlo plenamente. Explore la experiencia. Tómese su tiempo.
Fuente: wwwinteligenciaemocional.com
Dígase varias veces: "Ahora me siento así y así (describiendo sus sensaciones del momento) y lo acepto plenamente". Al principio quizás sea difícil; quizás descubra que su cuerpo está tenso y se rebela. Pero persevere; concéntrese en la respiración; piense en permitir que sus músculos se liberen de la tensión; recuérdese: "Un hecho es un hecho; lo que es, es; si el sentimiento existe, existe". Siga contemplando el sentimiento. Piense en permitir al sentimiento que esté allí (en lugar de intentar desear que se extinga o esforzarse en ello). Quizás le resulte útil, como me ha resultado a mi, decirse: "Ahora estoy explorando el mundo del miedo (o del dolor, o del conflicto, o de la confusión, o lo que sea)".
Al hacer esto, usted explorará el mundo de la autoaceptación.
Una vez acudí al consultorio de un médico que debía darme una serie de inyecciones dolorosas. En respuesta al shock y el dolor de la primera aguja, dejé de respirar y contraje todo el cuerpo, como si quisiera mantener a distancia a un ejército invasor. Pero, por supuesto, la tensión de mis músculos hacía más difícil la penetración, y por lo tanto la experiencia resultaba más dolorosa aun. Mi esposa, Devers, que también se hallaba en el consultorio para aplicarse las mismas inyecciones, notó mi actitud y me dijo:"Cuando sientas que la aguja te toca la piel, aspira, como haciéndola entrar junto con el aire. Imagina que le estás dando la bienvenida". De inmediato me di cuenta de que es precisamente esto lo que yo le digo a la gente que haga con sus emociones, de modo que hice lo que me proponía Devers, y la aguja entró sin causarme demasiado dolor. Acepté la aguja -y mis sentimientos correspondientes- en lugar de tratarlos como a adversarios.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Mujeres que dan el pecho más de 6 meses son menos propensas al cáncer de mama.
Las mujeres que dan el pecho a sus hijos durante más de seis meses tienen menos posibilidades de padecer cáncer de mama, según un estudio de la Universidad de Granada (sur de España) difundido hoy.
En concreto, el riesgo de sufrir esta enfermedad disminuye a un ritmo del 4,3 % por cada año que una mujer amamanta a sus hijos, informó el centro académico.
La investigación, liderada por la catedrática del departamento de Enfermería María José Aguilar Cordero, ha descubierto que la lactancia materna es un método eficaz para prevenir el cáncer de mama.
El estudio ha revelado una correlación significativa entre la edad de diagnóstico del cáncer, el tiempo de lactancia materna y la existencia de antecedentes familiares y personales de cáncer, y ha demostrado que no existe relación entre la edad media de diagnóstico del tumor y el hecho de haber tenido o no descendencia, en contra de lo que muchas personas piensan.
Para llevar a cabo el trabajo, los investigadores trabajaron con una muestra de 504 mujeres de entre 19 y 70 años, diagnosticadas y tratadas de cáncer de mama en el Hospital San Cecilio de Granada entre los años 2003 a 2008.
El análisis de los datos refleja cómo del total de la muestra (504), solo 135 mujeres no habían tenido descendencia, mientras que 369 mujeres habían tenido al menos un hijo.
En relación con el factor de riesgo paridad, no se hallaron diferencias estadísticamente significativas entre la edad media de diagnóstico del cáncer y el hecho de haber tenido o no descendencia.
Los investigadores destacan que en la actualidad no existe consenso entre los científicos acerca del papel protector del embarazo y la lactancia frente al desarrollo del cáncer de mama en la mujer.
No obstante, señala Aguilar, "es evidente que ambos procesos influyen positivamente en la diferenciación del epitelio mamario y en la reducción de los niveles de ciertas hormonas, como los estrógenos, cuyos efectos se relacionan con el cáncer de mama".
Los autores de este trabajo creen que, basándose en sus resultados, y en alusión a lo descrito por otros investigadores, la incidencia de cáncer de mama en los países desarrollados podría reducirse en más del 50 % entre aquellas mujeres con descendencia si dan el pecho y por más tiempo a sus hijos. EFE
jueves, 3 de noviembre de 2011
Cáncer de Páncreas.
El cáncer de páncreas es una enfermedad por la cual se forman células malignas (cancerosas) en los tejidos del páncreas.
El páncreas es una glándula de aproximadamente seis pulgadas de largo con forma de pera delgada descansando de costado. El extremo más ancho del páncreas se denomina la cabeza, la sección media se denomina el cuerpo y el extremo delgado se denomina la cola. El páncreas se ubica detrás del estómago y en frente de la columna vertebral.
El páncreas cumple dos funciones principales en el cuerpo:
El presente sumario provee información sobre el cáncer del páncreas exocrino. Para mayor información, consultar el sumario del PDQ sobre Tratamiento de los tumores de células de los islotes (páncreas endocrino).
Fumar y antecedentes de salud pueden afectar el riesgo de padecer de cáncer del páncreas.
Cualquier cosa que aumenta el riesgo de contraer una enfermedad se llama factor de riesgo. Tener un factor de riesgo no significa que se va a padecer de cáncer; no tener un factor de riesgo no significa que se va a padecer de cáncer. Las personas que piensan que pueden estar en riesgo deben consultar esto con su médico. Los factores de riesgo para el cáncer de páncreas incluyen los siguientes aspectos:
Estos y otros síntomas pueden ser ocasionados por el cáncer del páncreas. Otras afecciones pueden causar los mismos síntomas. Se debe consultar con un médico si se presenta alguno de los siguientes problemas:
El cáncer del páncreas es difícil de detectar y diagnosticar por las siguientes razones:
El diagnóstico del cáncer de páncreas generalmente se realiza mediante pruebas y procedimientos que generan imágenes del páncreas y el área que lo rodea. El proceso utilizado para determinar si células cancerosas se diseminaron dentro y en torno del páncreas se llama estadificación. Las pruebas y los procedimientos para detectar, diagnosticar y estadificar el cáncer de páncreas habitualmente se realizan al mismo tiempo. Es importante conocer el estadio de la enfermedad y determinar si el cáncer de páncreas se puede extirpar por medio de cirugía a fin de planificar el tratamiento. Se pueden utilizar las siguientes pruebas y procedimientos:
El pronóstico (probabilidad de recuperación) y las opciones de tratamiento dependen de los siguientes aspectos:
El páncreas es una glándula de aproximadamente seis pulgadas de largo con forma de pera delgada descansando de costado. El extremo más ancho del páncreas se denomina la cabeza, la sección media se denomina el cuerpo y el extremo delgado se denomina la cola. El páncreas se ubica detrás del estómago y en frente de la columna vertebral.
| Ampliar |
| Anatomía del páncreas. El páncreas tiene tres áreas: cabeza, cuerpo y cola. Se encuentra en el abdomen cerca del estómago, intestinos y otros órganos. |
El páncreas cumple dos funciones principales en el cuerpo:
- Produce jugos que ayudan en la digestión (descomposición) de alimentos.
- Produce hormonas, como la insulina y el glucagón, que ayudan a controlar las concentraciones de azúcar en sangre. Ambas hormonas ayudan al cuerpo a utilizar y almacenar la energía obtenida de los alimentos.
El presente sumario provee información sobre el cáncer del páncreas exocrino. Para mayor información, consultar el sumario del PDQ sobre Tratamiento de los tumores de células de los islotes (páncreas endocrino).
Fumar y antecedentes de salud pueden afectar el riesgo de padecer de cáncer del páncreas.
Cualquier cosa que aumenta el riesgo de contraer una enfermedad se llama factor de riesgo. Tener un factor de riesgo no significa que se va a padecer de cáncer; no tener un factor de riesgo no significa que se va a padecer de cáncer. Las personas que piensan que pueden estar en riesgo deben consultar esto con su médico. Los factores de riesgo para el cáncer de páncreas incluyen los siguientes aspectos:
- Fumar.
- Padecer de diabetes durante mucho tiempo.
- Pancreatitis crónica.
- Ciertas afecciones hereditarias, como la pancreatitis hereditaria, el síndrome de neoplasia endocrina múltiple tipo 1, el cáncer de colon sin poliposis hereditario (CCSPH; síndrome de Lynch), el síndrome de von Hippel-Lindau, la ataxia-telangiectasia, y el síndrome de melanoma familiar atípico con molas múltiples (FAMMM).
Estos y otros síntomas pueden ser ocasionados por el cáncer del páncreas. Otras afecciones pueden causar los mismos síntomas. Se debe consultar con un médico si se presenta alguno de los siguientes problemas:
- Ictericia (coloración amarillenta de la piel y el blanco de los ojos).
- Dolor en la parte superior o media del abdomen y la espalda.
- Pérdida de peso injustificada.
- Pérdida de apetito.
- Fatiga.
El cáncer del páncreas es difícil de detectar y diagnosticar por las siguientes razones:
- No hay signos o síntomas perceptibles en los estadios tempranos del cáncer de páncreas.
- Los signos de cáncer del páncreas, cuando se presentan, son similares a los signos de muchas otras enfermedades.
- El páncreas está oculto detrás de otros órganos como el estómago, el intestino delgado, el hígado, lavesícula biliar, el bazo y los conductos biliares.
El diagnóstico del cáncer de páncreas generalmente se realiza mediante pruebas y procedimientos que generan imágenes del páncreas y el área que lo rodea. El proceso utilizado para determinar si células cancerosas se diseminaron dentro y en torno del páncreas se llama estadificación. Las pruebas y los procedimientos para detectar, diagnosticar y estadificar el cáncer de páncreas habitualmente se realizan al mismo tiempo. Es importante conocer el estadio de la enfermedad y determinar si el cáncer de páncreas se puede extirpar por medio de cirugía a fin de planificar el tratamiento. Se pueden utilizar las siguientes pruebas y procedimientos:
- Radiografía del tórax: radiografía de los órganos y huesos del interior del tórax. Un rayo X es un tipo de haz de energía que puede atravesar el cuerpo y plasmarse en una película que muestra una imagen de áreas del interior del cuerpo.
- Examen físicos y antecedentes: examen del cuerpo para chequear los signos generales de salud, incluso determinar si hay signos de enfermedad, como masas o cualquier otra cosa que no parezca habitual. También se anotan los antecedentes de los hábitos de salud, y las enfermedades y los tratamientos anteriores del paciente.
- Exploración por TC (exploración por TAC): procedimiento mediante el cual se toma una serie de imágenes detalladas del interior del cuerpo, desde ángulos diferentes. Las imágenes son creadas por una computadora conectada a una máquina de rayos X. Se puede inyectar un tinte en una vena o ingerirse a fin de que los órganos o los tejidos se destaquen más claramente. Este procedimiento también se llama tomografía computada, tomografía computarizada o tomografía axial computarizada. Una exploración por TC en espiral o helicoidal produce una serie de imágenes muy detalladas de áreas del interior del cuerpo mediante una máquina de rayos X que explora el cuerpo con un movimiento en espiral.
- IRM (imágenes por resonancia magnética): procedimiento para el que usa un imán, ondas de radio y una computadora para crear imágenes detalladas de áreas internas del cuerpo. Este procedimiento también se llama imágenes por resonancia magnética nuclear (IRMN).
- Exploración por TEP (exploración por tomografía con emisión de positrones): procedimiento para encontrar células de tumores malignos en el cuerpo. Se inyecta en una vena una cantidad pequeña deglucosa (azúcar) radiactiva. El explorador TEP rota alrededor del cuerpo y produce una imagen de los lugares del cuerpo que absorben la glucosa. Las células de tumores malignos tienen aspecto más brillante en la imagen porque son más activas y absorben más glucosa que las células normales.
- Ecografía endoscópica (EE): procedimiento en el cual se introduce un endoscopio en el cuerpo, por lo general, a través de la boca o el recto. Un endoscopio es un instrumento delgado en forma de tubo, con una luz y una lente para observar. Se usa una sonda colocada en el extremo del endoscopio para hacer rebotar ondas sonoras de alta energía (ultrasónicas) en los tejidos o los órganos internos y crear ecos. Los ecos forman una imagen de los tejidos del cuerpo que se llama sonograma. Este procedimiento también se llama endoecografía.
- Laparoscopía: procedimiento quirúrgico para observar los órganos del interior del abdomen y determinar si hay signos de enfermedad. Se realizan pequeñas incisiones (cortes) en la pared del abdomen y se introduce un laparoscopio (tubo delgado, con iluminación) en una de las incisiones. Se pueden introducir otros instrumentos en la misma incisión o en otras para realizar procedimientos tales como extirpar órganos o tomar muestras de tejido para una biopsia.
- Colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE): procedimiento usado para tomar radiografías de los conductos (tubos) que transportan la bilis desde el hígado hasta la vesícula biliar y desde la vesícula biliar hasta el intestino delgado. A veces, algunos cánceres de páncreas pueden reducir la abertura de estos conductos y bloquear o reducir el flujo de la bilis, lo cual causa ictericia. Se introduce un endoscopio (tubo delgado con iluminación) a través de la boca, el esófago y el estómago hasta la primera parte del intestino delgado. Luego se introduce un catéter (un tubo más pequeño) a través del endoscopio hasta los conductos pancreáticos. Se inyecta un tinte a través del catéter hacia los conductos y se toma una radiografía. Si los conductos están bloqueados por un tumor, se puede insertar un tubo delgado en el conducto para desbloquearlo. Este tubo (o derivación) se puede dejar colocado para mantener el conducto abierto. También se pueden tomar muestras de tejido.
- Colangiografía transhepática percutánea (CTP): procedimiento que se usa para tomar una radiografía del hígado y los conductos biliares. Se inserta una aguja fina a través de la piel debajo de las costillas hacia el hígado. Se inyecta un tinte en el hígado o los conductos biliares y se toma una radiografía. Si se encuentra un bloqueo, se deja una sonda delgada y flexible en el hígado, que se llama derivación, para drenar la bilis hacia el intestino delgado o hacia una bolsa recolectora fuera del cuerpo. Esta prueba se lleva a cabo solamente si no se puede hacer una CPRE.
- Biopsia: extracción de células o tejidos para que un patólogo las pueda observar bajo un microscopio y verificar si hay signos de cáncer. Hay diferentes maneras de realizar una biopsia para el cáncer de páncreas. Se puede insertar una aguja fina en el páncreas durante una radiografía o ecografía para extraer células. También se puede extraer tejido durante una laparoscopía (incisión quirúrgica realizada en la pared del abdomen).
El pronóstico (probabilidad de recuperación) y las opciones de tratamiento dependen de los siguientes aspectos:
- Si el tumor se puede extirpar o no mediante cirugía.
- El estadio del cáncer (el tamaño del tumor y si el cáncer se diseminó fuera del páncreas hasta los tejidos cercanos o los ganglios linfáticos, o hasta otras partes en el cuerpo).
- La salud general del paciente.
- Si el cáncer recién se diagnosticó o recidivó (volvió).
Función eréctil tras el cáncer de próstata.
ONCOLOGÍA | Test de predicción
¿Cuál será mi función eréctil tras el cáncer de próstata?

Robot Da Vinci, empleado en las operaciones de cáncer de próstata. | Justy García.
- Las personas impotentes antes del tumor seguirán padeciendo la disfunción
- Los pacientes jóvenes sin factores de riesgo no tendrán problemas de erección.
Patricia Matey | Madrid
Actualizado miércoles 21/09/2011 09:53 horas
Una de las cosas que más preocupa a los hombres que se someten a tratamientos para el cáncer de próstata es saber primero si se curarán, pero inmediatamente después si su función sexual va a permanecer intacta una vez superada la enfermedad.
Científicos del Centro Médico Beth Israel Deaconess y de la Universidad de Harvard (ambos en EEUU), dirigidos por Mehrad Alemozaffar, acaban de desarrollar un modelo que permite predecir si un varón tendrá o no disfunción eréctil a los dos años de haber recibido tratamiento para su tumor.
El trabajo, publicado en el último 'JAMA', sostiene que haber recibido tratamientos para la disfunción eréctil, la edad, los niveles de PSA (antígeno prostático específico), la raza, el índice de masa corporal y el tratamiento del tumor están relacionados con la función eréctil a los dos años de someterse a una prostactectomía, radioterapia o braquiterapia.
Para llegar a esta conclusión los científicos contaron la participación de 1.201 varones incluidos en la investigación Cáncer de Próstata y Satisfacción con el Tratamiento y el impacto en la calidad de vida (PROSTQA, sus siglas en inglés).
En todos ellos se analizaron sus características personales y se averiguó si habían tenido que recurrir a terapia para la disfunción eréctil antes de desarrollar el tumor prostático, así como su función sexual a los 24 meses de pasar por tratamiento. Los datos obtenidos fueron utilizados para desarrollar modelos de predicción de la función eréctil que fueron validados externamente entre 1.913 pacientes.
Los investigadores encontraron que 177 de los 511 (35%) de los pacientes que se sometieron a una prostatectomía reconoció lograr la erección adecuada para el coito, una cifra que fue del 37% en los que recibieron radioterapia como primer tratamiento y de un 43% de los que se sometieron a braquiterapia, una técnica oncológica que se desarrolla en el quirófano y que consiste en la colocación de unas semillas radioactivas de yodo-125 en la próstata.
Según el tratamiento
Para Jesús Moreno, del Servicio de Urología del Hospital Clínico de Madrid, las cifras que presenta el trabajo, "no resultan una sorpresa. Se trata de un estudio epidemiológico, pero bien hecho, que constata lo que ya sabíamos. De hecho, tal y como reflejan los resultados, el 65% de los que se someten a una prostatectomía radical, que es el tratamiento por excelencia del cáncer prostático, tendrá problemas de erección con el tiempo, al igual que un 63% de los que pasan por radioterapia".
Las cifras disminuyen en el caso de la braquiterapia, "por ser un tratamiento más selectivo", reconoce el experto. Admite, además, que los pacientes lo "primero que quieren es curarse del cáncer y luego, con el tiempo, les preocupa las pérdidas de orina y la impotencia. No obstante, los resultados a largo plazo de la cirugía de próstata dependen también del tipo de técnica se emplee. La cirugía robótica laparoscópica, como la que nosotros realizamos en el hospital gracias al robot Da Vinci, permite que los haces nerviosos que se encargan de la función sexual se conserven, lo que reduce notablemente las posibilidades de impotencia. El problema es que este tipo de cirugía está disponible en muy pocos centros públicos".
El estudio pone en evidencia que ser más joven, no haber seguido un tratamiento previo para la impotencia, tener niveles bajos de PSA, no padecer enfermedades crónicas (diabetes, enfermedad vascular periférica u obesidad) predicen una buena función eréctil tras la terapia del cáncer de próstata.
Los científicos argumentan que la validación de este modelo predictivo con la muestra de pacientes anteriormente descrita permite sugerir que "los hallazgos pueden generalizarse y pueden servir para que pacientes y médicos establezcan unas expectativas personalizadas sobre la función eréctil en los años posteriores al tratamiento".
Para Michael Barry, del Hospital General de Massachusetts en Boston, que la "mejor forma de ayudar a los pacientes es informándoles de todas las opciones e invitarlos a participar en la toma de decisiones"
El urólogo madrileño insiste en que los factores de riesgo previos al cáncer van "a determinar claramente si después del tratamiento se van a tener problemas de erección, no hay que olvidar que la disfunción eréctil en muchas ocasiones es un síntoma que enmascara otras patologías, como la cardiaca. Lo mismo sucede con el estadio del tumor. No es lo mismo tener un cáncer en estadio inicial que avanzado".
Apunta, no obstante, que hoy en día "hay muchos tratamientos para tratar la impotencia que están funcionando, aunque el más recetado son las pastillas".
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